Reseñas

12 Dic
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de Paula Español y Germán Herrera Bartis. Publicado en el N° 54 de Voces en el Fénix

Para quebrar el circuito circular de perpetuación del subdesarrollo se necesita un Estado soberano y fuerte que potencie un tipo de empresario dinámico, innovador y transformador, comprometido con el crecimiento, la diversificación y la internacionalización de su producción. Solo en esas condiciones, y a través de políticas públicas específicas que desarrollen sectores, encadenamientos productivos e, incluso, empresas específicas, se podrá avanzar en un proceso de desarrollo sostenible.

La idea de transformación implícita en este artículo se ancla en una concepción amplia y profunda del desarrollo, como proceso abarcativo del crecimiento económico pero mucho más extenso y demandante que aquel, por cuanto implica reformas y cambios al interior del entramado socio-productivo a fin de tornarlo sustentable y sostenible en el tiempo. 
Los autores ponen a consideración la noción de cambio productivo estructural como eje de la estrategia de desarrollo, entendiendo por aquel al cambio profundo en el que el sistema productivo se vuelca paulatinamente hacia actividades y sectores de alta tecnología y tecnificación, con mayor valor agregado, intensivos en conocimiento e innovación, trascendiendo una estructura productiva especializada en ventajas comparativas altamente vulnerable a las cambiantes condiciones internacionales.
Sostienen los autores que este cambio no se da exógenamente ni se produce por sí solo, sino que demanda necesariamente la presencia de actores claves que lo impulsen. Compartiendo los postulados de un enfoque heterodoxo los autores identifican dos roles claves en el Estado para la consecución del proyecto de transformación productiva: orientar y propulsar el cambio identificando sectores estratégicos, planteando incentivos, etc. y contar con una burocracia técnica estatal profesional y comprometida para garantizar una efectiva intervención a través de las políticas públicas. El segundo actor en esta estrategia superadora hacia el desarrollo lo constituye la empresa, a la cual se la concibe desde una mirada más amplia, esta no solo configura la dimensión física de una función de producción particular sino un espacio propicio de absorción, difusión y generación de conocimientos y tecnologías aplicables al sistema productivo.
Pero lejos de un estudio del desempeño y las características de cada actor por vías separadas, el análisis ha puesto con mayor énfasis la mirada en los medios y formas de relación entre ambos, como piedra angular de un proceso genuino de transformación, retomando ideas planteadas décadas atrás por Peter Evans, en su concepto de autonomía enraizada que se inspira en los procesos evidenciados en los casos de los desarrollo tardío, en especial en los casos de los Países Asiáticos del Este. Aquí los autores dejan bien planteado sus fundamentos: el empresariado es una construcción política más que un actor con características pre-configuradas y similares en todos los países, es por esto que el Estado debe tomar la responsabilidad de contribuir a la conformación de un empresariado comprometido con los intereses nacionales y al mismo tiempo capaz de sobrevivir en el mercado en condiciones competitivas.

“…no hay empresarios sin Estado, ni desarrollo económico sin empresarios”.
Aldo Ferrer (2014). El Empresario Argentino

En esta línea se presenta un claro desafío, la posibilidad de articular espacios e instituciones sostenibles a través de las cuales canalizar políticas de desarrollo de sectores, encadenamientos productivos e incluso empresas específicas. Es decir una matriz de incentivos que configure la base sólida para la industrialización y la adquisición de conocimiento, potenciando las estrategias de innovación del sector privado, incentivando y respaldando las decisiones de inversión y de riesgo, como así también estipular mecanismo de disciplinamiento y redireccionamiento del capital. 
En este sentido los autores son muy explícitos al alertar acerca de los peligros de una confianza ciega en la inversión extranjera directa. De manera sintética pero contundente plasman las consecuencias evidenciadas en aquellos procesos donde los capitales extranjeros no fueron orientados ni mucho menos disciplinados. Sostienen así que la inversión extranjera directa es escasa y tiende a asentarse en aquellos sectores donde es menos necesaria. Es por esto que los mecanismos de política e intervención se hacen necesarios asegurando los intereses de la industria nacional, desde el pensamiento nacional y no desde esferas ajenas y externas que pretendan alienar, a través de una receta única, la capacidad de generar e implementar políticas públicas.
En síntesis, los autores plantean la urgente necesidad de discutir, definir y articular un proyecto de desarrollo en el que conciben al Estado y al empresariado como los actores primordiales, e identifican en la relación entre ambos la inequívoca clave del desarrollo: un Estado capaz de hacer surgir y promover a un empresariado nacional que lleve adelante una transformación productiva y tecnológica siendo el motor de un proceso de desarrollo inclusivo e incluyente.

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